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A seis años de la masacre y persecución contra los rohinyá en Birmania, aún no hay justicia


(Foto: AA)


Otra efeméride que pasará inadvertida por los grandes medios de comuincación: el 25 de agosto se cumplen seis años del inicio de la ofensiva masiva del ejército de Birmania contra la minoría musulmana rohinyá, que se concentraba principalmente en el estado de Rakhine de ese páis asiático. Si bien han enfrentado décadas de discriminación, persecución y violencia por parte del gobierno y la mayoría budista birmana, en 2017 fueron expulsados de sus hogares por los soldados. Unas 10 mil personas fueron asesinadas y cientos de miles debieron huir en busca de refugio y seguridad principalmente en Bangladesh y otros países vecinos, en lo que se conoce como una acción de limpieza étnica.


Los informes y testimonios también han documentado actos de violencia sexual, tortura, destrucción e incendio de aldeas enteras. Estas atrocidades fueron atribuidas principalmente al ejército de Birmania y a grupos extremistas budistas.


Se estima que más de un millón de rohinyá se encuentran actualmente en Bangladesh, donde debieron buscar protección internacional como refugiados, y aproximadamente 600 mil pudieron permanecer en sus tierras en Rakhine, Birmania, donde siguen sufriendo transgresiones graves de sus derechos y amenazas constantes de violencia. Miles de ellos continúan intentando huir por peligrosas vías marítimas que muchas veces los conducen a naufragios trágicos.


Birmania ha modificado su nombre oficial a Myanmar en 1989, sin embargo muchos continúan empleando la denominación anterior ya que el cambio fue implementado por una dictadura militar, sin tener legitimidad democrática.


El país está marcado por un importante historial de gobiernos de facto y guerras civiles desde que en 1948 dejó de ser una colonia británica.


El grupo étnico de los rohinyá no es reconocido como parte de los 135 oficiales del país, y desde 1982 se les niega la ciudadanía porque el gobierno los considera inmigrantes bengalíes, no birmanos. Hablan su propio idioma, el rohinyá, que es un dialecto bengalí diferente del idioma mayoritario de Birmania.


El gobierno nunca ha mostrado ninguna voluntad de abordar la discriminación sistemática contra los rohinyá y esta masacre aún permanece impune, sin condenas ni rendiciones de cuentas.


Frente a la impunidad de la que goza el ejército birmano por sus crímenes pasados y presentes contra esta población y otros grupos minoritarios, los Estados del mundo deberían realizar verdaderos esfuerzos internacionales para la obtención de justicia, así como con otros crímenes de lesa humanidad que aún permanecen impunes y otros en curso que son deliberadamente ignorados.



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