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Ecuador: el triunfo de Noboa

Por El Be / Política Obrera

(Foto: Reuters)


La vuelta del correísmo a Ecuador se vio frustrada este domingo cuando se impuso, en el ballotage electoral, la candidatura del derechista Daniel Noboa. Con el 52 % de los votos venció a la candidata correísta Luisa González, quien se quedó con el restante 48 %. De esta manera, Noboa será quien asumirá en diciembre para completar los últimos 15 meses del mandato del actual presidente ecuatoriano, Guillermo Lasso, quien convocó a la “muerte cruzada” (disolución de la Asamblea Nacional y elecciones anticipadas) para evitar el juicio político.


Algunos medios internacionales inscribieron el triunfo de Noboa en el marco de la emergencia de los “outsiders” en América Latina. El ecuatoriano, a quien las encuestas daban el 2 % de intención de voto para las primarias, se sumaría al espectro integrado por el guatemalteco Bernardo Arévalo, que ganó este año las presidenciales con el 58 % de los votos, y en el mismo camino se encontrarían la mexicana Xóchitl Gálvez (candidata emergente para las elecciones del próximo año) y el argentino Javier Milei. Se trata de fenómenos muy diferentes, a los cuales distintos analistas internacionales los unen bajo el fenómeno de un hartazgo del status quo (The Economist 21/08 y New York Times 21/08). Noboa, que jugó de outsider, pertenece a una de las familias más conocidas y acaudaladas del país.


Los medios locales han coincidido en que la campaña electoral de ambos candidatos fue poco menos que insípida. En un contexto de gran crisis económica y de un ascenso descomunal del narcotráfico y el crimen asociado a él, las campañas tuvieron mucho de marketing vacío de contenido. Ambos candidatos buscaron distanciarse de los polos que se suponía que representaban. González se mostró cada vez más desvinculada de su mentor, el exiliado Rafael Correa, se volvó hacia un discurso de “unidad nacional” y llegó a asegurar en campaña que no pensaba ofrecer un indulto al expresidente acusado de corrupción. Este hecho, más que la derrota misma, supuso un entierro definitivo a las aspiraciones de resurgir el movimiento político que construyó el expresidente durante la década que se mantuvo en el poder (2007-2017). Esas esperanzas habían sido alimentadas con las elecciones provinciales y municipales de febrero, cuando la Revolución Ciudadana ganó en Quito, Guayaquil y otras 48 ciudades, y puso prefectos en nueve de las 24 provincias.


El primer revés para el resurgimiento del correísmo había sido la elección misma de la candidata, realizada por el expresidente. González había tenido una larga trayectoria de militancia en Partido Social Cristiano (PSC), definido como de derechas y neoliberal. La candidata se pronunció en reiteradas ocasiones en contra del derecho al aborto, incluso en caso de violación. González dejó en claro, además, que tampoco intentará estimular un movimiento correísta de oposición al gobierno del electo Noboa. Luego de reconocer la derrota el domingo por la noche, prometió su apoyo al nuevo presidente y se comprometió a ayudarlo a cumplir sus promesas de campaña. “Basta de odios, de polarización. El Ecuador necesita sanar. Cuentan con nosotros para un acuerdo común, de patria”, afirmó González.


El apoyo del correísmo será fundamental para el corto mandato de Noboa, ya que éste no contará con mayoría parlamentaria y buscará formar un gobierno de coalición. El presidente electo deberá hacer frente a sus 16 meses de mandato en medio de una crisis de régimen estructural de la política ecuatoriana y, a diferencia del correísmo, no cuenta con una estructura ni un aparato político nacional ni con dirigentes medios que lo secunden. En este sentido, algunos medios aseguran que Noboa es “una moneda al aire” (El País 16/10) y que sus propuestas durante la campaña “eran erráticas y daban la sensación de que estaba improvisando” (The Washington Post 15/10) y que “será ideológicamente incoherente e impredecible” (The New York Times 15/10). A pesar de que Noboa evitó presentarse como el “anti-correísmo” y se asumió como “social-demócrata”, su vice, Verónica Abad, es una asesora empresarial de derecha alineada con Donald Trump y Jair Bolsonaro.


En relación a la seguridad, los discursos de los candidatos se asemejaron como dos gotas de agua. La orientación de ambos fue la “mano dura” contra el crimen organizado. Ninguno de los candidatos explicó cómo desmantelaría el entrelazamiento entre las bandas narcos y todas las estructuras del Estado. Buscaron, en cambio, impactar con anuncios grandilocuentes, como es el uso de “drones y sistemas de seguimiento por satélite”, la militarización de puertos o la construcción de barcos-cárceles para aislar a los presos más violentos.


La crisis del narcotráfico en Ecuador, sin embargo, ha cobrado una dimensión catastrófica para la población. Los periódicos informan diariamente sobre decapitaciones, jóvenes colgados de puentes, niños asesinados frente a sus casas o escuelas, atentados con coches bomba, etc. Las pandillas que manejan el narco tienen fuertes vínculos internacionales con carteles de la droga de diferentes países del continente, que han emprendido entre sí una sangrienta batalla por el control del comercio de drogas.


Situado entre Colombia y Perú, los principales países productores de cocaína del mundo, Ecuador pasó a ser actor clave en el tráfico mundial de drogas. Guardados en contenedores de bananas, el principal producto de exportación del país, desde sus puertos en la costa del Pacífico parten toneladas de cocaína hacia Estados Unidos y Europa. Los carteles mexicanos, colombianos y albaneses echaron raíces en Ecuador y operan con la colaboración de las bandas locales y del Estado ecuatoriano. El asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio en agosto pasado puso en evidencia que la guerra de las bandas narcos estaba corroyendo al régimen político por dentro. La crisis narco agudizó la crisis migratoria de Ecuador. Miles de ecuatorianos huyen cada semana hacia la frontera entre Estados Unidos y México, fustigados por la crisis de seguridad y por la crisis económica.


Durante su campaña electoral, Noboa no ha esbozado ningún plan de salida a la crisis. Actualmente, sólo el 34 % de los ecuatorianos tienen un empleo adecuado (40 horas semanales y un salario superior al mínimo, establecido en 450 dólares), según datos oficiales. Noboa se presentó como el “presidente del empleo” y creó un formulario de solicitud de empleo en su sitio web para que se anote la población desocupada.


La crisis, sin embargo, es más profunda. El Estado atraviesa un creciente déficit fiscal y deberá hacer frente en los próximos años a menores ingresos energéticos, mayores intereses sobre los pagos de la deuda y un agotamiento de las reservas internacionales (de menos del 6 % del PBI). “Se pronostica que la economía de Ecuador, que depende de las exportaciones de petróleo y productos del mar, crecerá un 1,5 por ciento este año y un 0,8 por ciento en 2024”. Noboa aseguró que resolverá la crisis buscando fuentes de financiamiento externo, pero las arcas del FMI se encuentran cerradas para el país, debido a que Lasso ya recibió préstamos por 6.500 millones entre 2020 y 2022. Las variantes que manejan los analistas son una posible suba de impuestos a la población y una reducción de los subsidios al combustible (en el que el país invierte 3.500 millones, casi el mismo valor que destina a salud y educación). Al cierre de este año, el déficit fiscal alcanzará los 5.000 millones de dólares. Otra opción, barajada por el presidente electo durante su campaña, es la posibilidad de usar el Banco Central como prestamista, aunque debería reformar la ley para hacerlo ya que está prohibido. Los analistas advierten, sin embargo, que el mandato de Noboa es demasiado corto como para llevar adelante estas reformas.


Los pronósticos anuncian un agravamiento mayor de la crisis debido al resultado del referéndum sobre la explotación minera y petrolera en zonas protegidas, realizado en paralelo a las elecciones primarias. El triunfo del NO a la explotación de las regiones norteñas del Chocó Andino “han arrojado una sombra sobre la naciente industria minera de Ecuador, su sector petrolero, el presupuesto y las perspectivas de empleo en las regiones afectadas, ya que ahora enfrenta la pérdida de miles de millones de dólares en ingresos por exportaciones” (Financial Times 16/10). El petróleo sigue siendo la mayor exportación de Ecuador, aunque su dominio ha disminuido en los últimos años. El crudo generó ingresos por 10.000 millones de dólares en 2022, alrededor del 10 % del PBI. “Alberto Acosta-Burneo, economista de la consultora Spurrier Group, dijo que el ganador de las elecciones podría necesitar reformar los impuestos para 'compensar parte del agujero fiscal' dejado por las prohibiciones y recortar los subsidios a los combustibles” (Ídem). La prohibición de la explotación de estas regiones supone un revés para las promesas de “inversiones extranjeras” que Noboa realizó durante su campaña. Noboa había hablado de eliminar el impuesto de salida de divisas (ISD) para fomentar la inversión extranjera.


Guillermo Lasso se apresuró a anunciar que se encuentra listo para la transición al próximo gobierno. Su apresuramiento tiene que ver con una intención de evitar que la bomba de tiempo de la crisis ecuatoriana aún tenga chances de explotarle en la cara. Noboa, en una situación política de mayor debilidad que su antecesor, será quien deba atravesar esta crisis en su corto mandato.

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