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El conflicto palestino-israelí y algunos de los peores escenarios

Por Avedis Hadjian / Publicado originalmente en inglés en Kalipolis.co.uk

(Foto: Raimond Klavins/Unsplash)


No sería exagerado decir que no sólo Israel sino el mundo entero fue tomado por sorpresa por el ataque arrollador lanzado por Hamas, la agrupación palestina que comanda en la Franja de Gaza, el más pequeño de los dos territorios que conforman una parte Estado palestino. Si bien, obviamente, la escala del ataque (y el enorme fracaso de la inteligencia israelí que expuso) son una de las grandes sorpresas, la incógnita mucho más grande es el "por qué".


Es difícil dar una respuesta. Los peores escenarios son desgarradores y no dejan espacio para ningún ganador.


Cualquiera, y nadie mejor que Hamas, sabía que la ofensiva provocaría represalias abrumadoras por parte de Israel y, por tanto, causaría más dolor a los palestinos de Gaza, una pequeña franja de tierra ligeramente mayor que Malta que, con una población de 2,3 millones de habitantes, es uno de los lugares más densamente poblados del mundo, con una economía destrozada y mayormente bloqueada tanto por Egipto como por Israel, con el que limita la franja.


La sofisticación del ataque de Hamas y el momento, que coincidió con el 50º aniversario de la Guerra de Yom Kippur de 1973, indican que no fue una medida desesperada y que tardó bastante tiempo en gestarse.


Una posibilidad que se ha planteado es que se haya lanzado para perturbar un posible acuerdo entre Israel y Arabia Saudita. Un claro beneficiado en ese escenario sería Irán, archienemigo de ambos países, ya que la rivalidad entre chiítas y suníes es tan amarga como la árabe israelí.


Sin embargo, eso y los mensajes provocadores provenientes de Teherán celebrando el ataque sorpresa de Hamas, podrían conducir eventualmente a una mayor conflagración regional. ¿No constituiría una clara participación iraní un justificativo para que Israel inicie la guerra a Irán?


Si eso sucediera, se desencadenaría una serie de conflictos subsidiarios en una vasta zona desde el Cercano Oriente hasta el Golfo Pérsico y el Cáucaso. Azerbaiyán, un aliado de Israel que ha estado considerando durante mucho tiempo apoderarse de una región homónima del norte de Irán, así como abrir un corredor a travé s del sur de Armenia que lo conecte con su enclave de Najicheván y Turquía, probablemente aprovecharía rápidamente las condiciones geopolíticas favorables para lograr sus objetivos maximalistas. Lo mismo haría Turquía, al finalmente realizar su proyecto pantúrcquico a través de dicho corredor y crear una contigüidad territorial con Azerbaiyán, en una unión que ambos países describen como “una nación, dos Estados”. Una Rusia debilitada, atrapada en Ucrania, haría poco más que observar cómo se desarrollan los acontecimientos si su pasividad ante la agresión azerbaiyana-turca contra Armenia, su “aliada estratégica” al menos en los papeles, fuese un indicador de su comportamiento futuro.


En ese escenario, los corredores Este-Oeste y Sur-Norte quedarían abortados, con las consiguientes repercusiones económicas que se sentirían en toda la India y China. El Canal de Suez aún conservaría su lugar privilegiado como conector de las dos mitades del mundo, a menos que una creciente agitación arrase con el régimen militar que lo dirija y devuelva a los Hermanos Musulmanes al poder.

Cómo jugaría Irán su rol es una incógnita. Si Israel y Azerbaiyán lo atacaran simultáneamente, ¿podría librar una guerra en dos frentes o contra dos ejércitos?


El hecho de que una nueva guerra palestino-israelí esté contenida hasta ahora indica que, en un mundo muy volátil, parece haber poco interés por parte de los actores externos en intervenir en lo que parece ser una lucha por ampliar territorios o capturar recursos en un momento en el que una gran reorganización geopolítica parece permitir que los Estados depredadores lleven a cabo apropiaciones de tierras a medida que el orden mundial de posguerra se derrumba. Sin embargo, el resultado de cualquier guerra es siempre impredecible, y la contención actual parecería indicar que todavía prevalecen las cabezas más frías.


¿Pero por cuánto tiempo? Una de las principales causas de las guerras es la inseguridad sobre las intenciones de los rivales. Algunos actores pueden sentirse genuinamente obligados a atacar como medida preventiva. A veces hay una sensación de que está a punto de estallar una Tercera Guerra Mundial, largamente postergada, y nadie está dispuesto a marchar hacia ella. ¿A quién le gustan realmente las guerras? La primera etapa de la Segunda Guerra Mundial, después de la invasión alemana de Polonia, se recuerda en la historiografía británica como la “guerra falsa”; los franceses la llaman “drôle de guerre” (una traducción literal sería “guerra divertida”). Todos sabemos que no fue falso ni divertido. Sin embargo, a veces parecería que nos estamos deslizando hacia una catástrofe mayor a cámara lenta. Como se dice que señaló Trotsky: “Puede que a usted no le interese la guerra, pero la guerra está interesada en usted”.

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