Elecciones en Perú: aún no se sabe quién va al balotaje
- Redacción Política Global.AR

- hace 1 día
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Las elecciones presidenciales celebradas en Perú el pasado 12 de abril dejaron al descubierto, una vez más, la profunda fragmentación del sistema político y el desgaste de sus principales actores. Lejos de expresar una vitalidad democrática, la presentación de 36 candidaturas reflejó un escenario de dispersión, oportunismo electoral y escasa representatividad.
El proceso se desarrolló en un contexto institucional marcado por la inestabilidad: con el expresidente Pedro Castillo destituido y detenido tras la crisis de 2022, bajo un estado de emergencia vigente en distintas regiones y con un reordenamiento del sistema político impulsado desde el Congreso, incluyendo la reinstauración de un esquema bicameral sin mediación de una Asamblea Constituyente.
En este marco, el escrutinio avanzó de manera lenta y con fuertes controversias. A varios días de la votación, los resultados siguen siendo parciales y abiertos, especialmente por el peso aún no contabilizado de las zonas rurales. En ese escenario, el candidato de derecha Rafael López Aliaga denunció irregularidades, aunque sin pruebas concluyentes, mientras se consolidaba una disputa ajustada por el segundo lugar.
Según los datos oficiales provisorios, Keiko Fujimori se mantiene al frente, aunque con un caudal electoral reducido que confirma la debilidad estructural del sistema. La verdadera disputa se concentra en el acceso al ballotage, donde la ventaja de López Aliaga aparece condicionada por el avance del conteo en áreas rurales.
Distintos análisis coinciden en que el voto del interior —especialmente en regiones andinas y amazónicas— podría modificar el orden de los candidatos. En ese terreno, el desempeño de Roberto Sánchez, del centroizquierdista Juntos por el Perú, adquiere relevancia. Su base electoral se asienta precisamente en esos territorios donde el escrutinio avanza con mayor lentitud, replicando en parte el comportamiento electoral que en 2021 llevó a Castillo a la presidencia.
Sánchez, que recibió el respaldo simbólico del ex mandatario, busca posicionarse como una continuidad de ese espacio político, aunque con un discurso más moderado. Durante la campaña evitó confrontaciones abiertas y, frente a las tensiones actuales, mantiene un tono conciliador, centrado en la idea de un país sin divisiones y con reconocimiento de su diversidad social y cultural.
Sin embargo, más allá de las posiciones individuales, el cuadro general evidencia un sistema político fragmentado y sin mayorías claras. En el plano legislativo, la dispersión también será la norma, lo que anticipa un escenario de gobernabilidad complejo para quien resulte electo en la segunda vuelta prevista para junio.
Las denuncias cruzadas y las dudas sobre el proceso de conteo reflejan la crisis de confianza en las instituciones electorales. En este contexto, el desenlace sigue abierto y dependerá en gran medida del peso final del voto rural, históricamente relegado pero decisivo en la definición del mapa político peruano.

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