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Conferencia de Seguridad de Munich: otra cita mundial inocua


Acaba de concluir la “Conferencia de Seguridad de Munich”, un cónclave de los tomadores de decisiones mundiales, en el que se exponen los asuntos de seguridad global más importantes en un espacio que vanamente trata de lograr concertaciones que eviten o aminoren los conflictos.


Esta conferencia, que toma su nombre de la tercera ciudad más grande de Alemania, donde se lleva a cabo, fue creada en 1963 entre los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y delegados de Alemania Occidental (por entonces Alemania estaba dividida en dos Estados). Luego se fueron sumando representantes de países asiáticos como Corea del Sur, Japón e Indonesia y, tras la caída del Muro de Berlín en 1989, incorporó a Rusia, que pasó a ocupar el lugar de la Unión Soviética en el Consejo de Seguridad de la ONU, y China.


De esta forma, en 60 años se ha convertido en un foro de referencia mundial.


En el encuentro de este año participaron más de 450 líderes y referentes, casi la mitad jefes de Estado y altos representantes de gobiernos que, por razones de seguridad, se alojaron en el mismo hotel. Sobresalían el Secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, la presidente de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen y el jefe de la diplomacia china, Wang Yi. También estuvieron el secretario general de la ONU, el portugués António Guterres, el canciller alemán, Olaf Scholz, el secretario general de la OTAN, el noruego Jens Stoltenberg y la vicepresidenta de los Estados Unidos, Kamala Harris. No asistió nadie de Rusia.


El temario de la Conferencia se concentró en la guerra de Ucrania y el genocidio en Gaza, que aparecía edulcorado en la agenda oficial del evento como “conflicto israelí-palestino”.


Sobre el primer tema, la conclusión no dicha es que el resultado de la guerra en Ucrania ya está definido: la derrota de Kiev. El día sábado 17, en plena realización de la Conferencia, llegaron las noticias de que el ejército ucraniano acababa de abandonar la ciudad de Avdiivka, una estratégica zona en la provincia de Donetsk. Es la mayor victoria de las tropas rusas desde mayo de 2023, cuando tomaron Bajmut. El presidente ruso Vladimir Putin ha celebrado a lo grande, convirtiendo el día en fecha de regocijo patriótico, pretendiendo así que no se hable tanto de la muerte en prisión del opositor ruso Alexander Navalny, a escasas tres semanas de las elecciones en las que se da por descontada la victoria del actual ocupante del Kremlin.


La fortaleza del aparato bélico de Moscú y las cada vez más pálidas muestras de apoyo efectivo, financiero, logístico y de equipo bélico de Estados Unidos y de la Unión Europea a Ucrania, parecen conducir a un escenario de negociaciones de paz. Para Ucrania las opciones se reducen cada vez más a dejar las armas o ser derrotada por completo.


Respecto al otro asunto, la brutalidad del ejército israelí contra el pueblo palestino es absoluta, lo que dejó ya un saldo de 29 mil muertes confirmadas, a las que podrían sumarse otras 7 mil, ya que se calcula en esa cifra las personas atrapadas bajo los escombros, de las que no se sabe si aún sobreviven por lo que las autoridades gazatíes las ponen como “desaparecidas”. Es la enorme magnitud de un genocidio inocultable, que Sudáfrica instaló como denuncia en la Corte Internacional de Justicia de La Haya.


Los organizadores de la “Conferencia de Seguridad de Munich” lo saben, por lo que intentaron lavarse la cara rechazando discretamente las solicitudes que hicieron el primer ministro y el ministro de defensa de Israel, Benjamín Netanyahu y Yoav Gallant respectivamente, para presentarse como oradores. Pero ni siquiera tal gesto diplomático alcanzó para que Irán y Palestina manden representantes a Munich.


En el marco de la cumbre, también se dio un encuentro no anunciado previamente entre los presidentes de Armenia y de Azerbaiyán, Nikol Pashinyan e Ilham Aliyev respectivamente, países enfrentados en una guerra en 2020 por la región de Artsaj (Nagorno Karabaj), que culminó con la limpieza étnica de los 120 mil habitantes de etnia armenia de esa zona. La reunión contó con la mediación del canciller alemán Olaf Scholz, y según trascendió, allí se señaló que "Alemania apoya la agenda de paz entre Armenia y Azerbaiyán, así como la misión encabezada por el presidente del Consejo de la Unión Europea, Charles Michel". Sin embargo las tensiones entre ambos países se mantienen y agravan con peligro de una nueva escalada militar.


En definitiva, la Conferencia de Munich no ha sugerido nada concreto más allá de las trilladas frases de tregua y soluciones pacíficas. Nada se puede esperar de estas grandes citas. Sólo la movilización mundial de los pueblos contra las tiranías y en solidaridad con los pueblos oprimidos bajo una nueva orientación social internacional puede frenar los conflictos bélicos alimentados por los nacionalismos y el afán expansionista.

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