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El Milei colombiano se metió en la segunda vuelta

Por Gustavo Montenegro / Prensa Obrera

De acuerdo al conteo preliminar, el outsider ultraderechista Abelardo de la Espriella (Defensores de la Patria) se impuso en la primera vuelta de las elecciones colombianas con casi el 44% de los votos, seguido por Iván Cepeda (del Pacto Histórico), impulsado por el actual presidente Gustavo Petro, con el 41%. El mandatario colombiano desconoció el conteo y llamó a esperar los resultados oficiales, que se conocerán en los próximos días, con la confianza de que podría invertirse el resultado. En cualquier caso, hay una certeza: son aquellas dos las figuras que se enfrentarán en el ballotage del 21 de junio, ya que el resto de los candidatos quedaron muy lejos.


Abogado multimillonario y defensor de paramilitares, de la Espriella no esconde su vida lujosa y es un admirador declarado de Donald Trump, el presidente salvadoreño Nayib Bukele y Javier Milei. Respecto al presidente argentino, no sólo comparte sus planteos de liberalización económica y “motosierra” (propone recortar un 40% el gasto público y suprimir 700 mil empleos públicos), sino que hasta se autopercibe como “el tigre”, a semejanza del “león” libertario. Y, a semejanza del slogan de los libertarios contra “la casta política”, de la Espriella dice representar “a los que nunca robaron”. La misma impostura.


Del salvadoreño Bukele adopta sus recetas de mano dura. Propone construir diez megacárceles, fortalecer las fuerzas represivas y fumigar los cultivos ilícitos de coca de los pequeños campesinos. Estamos, en pocas palabras, ante un engendro que combina muchos de los peores rasgos de los gobiernos ultraderechistas del continente.


El candidato de Defensores de la Patria aplastó a la candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia, representante del uribismo y de la derecha tradicional, quien orilló el 7% de los votos. Este caudal, sin embargo, asumirá una gran importancia de cara a la segunda vuelta, lo mismo que el 4% de los votos cosechados por Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín, al frente de Dignidad y Compromiso, una coalición formada por sectores de centro y de centroizquierda. Los otros diez candidatos sumaron, todos juntos, poco más del 2%. Se trató, en definitiva, de una elección polarizada.


El gobierno de Petro


Al cabo de cuatro años de gobierno de Petro, la ultraderecha encontró un eje de reagrupamiento en la figura de de la Espriella, lo que merece una reflexión. El actual presidente colombiano, exmiembro de la guerrilla del M19, logró un histórico triunfo en 2022, en un país que había estado dominado durante las dos décadas previas por la derecha. Logró canalizar, a su favor, la rebelión del pueblo colombiano, en 2021.


Sin embargo, Petro eligió una línea contemporizadora y tendió lazos con sectores del régimen político tradicional, tratando de integrarlos a su gobierno para estabilizarse en el poder. De este modo, la derecha quedó viva y coleando, incluyendo todo el entramado criminal que ha regado de sangre las ciudades y aldeas campesinas colombianas en los últimos cincuenta años.


A su turno, Petro –más allá de los discursos críticos- también buscó una contemporización con Trump, pese a que el magnate amenazó con derrocarlo y secuestrarlo igual que al presidente venezolano, Nicolás Maduro. El presidente colombiano visitó la Casa Blanca y se mostró dispuesto a explorar una estrategia común de seguridad.


Ninguna de estas concesiones evitará que Trump juegue sus fichas por de la Espriella, que le permitiría sumar una pieza más en un tablero de varios gobiernos ultraderechistas. Aún restan, para completar el cuadro continental, otros procesos electorales de gran importancia: el ballotage en Perú, las presidenciales en Brasil, y las propias elecciones legislativas norteamericanas.


El candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, vinculado a la lucha por los derechos humanos (es hijo de un dirigente del Partido Comunista y la Unión Patriótica asesinado en 1994), fue diputado y senador del Polo Democrático y uno de los impulsores de las negociaciones con la guerrilla y de los Acuerdos de Paz con las Farc de 2016 (firmados por el gobierno derechista de Juan Manuel Santos), una tentativa de pacificación alentada entonces por Estados Unidos, el Vaticano y una fracción de la burguesía, que terminó naufragando ante las violentas contradicciones sociales que sacuden el campo colombiano. Cepeda plantea continuar el proceso de reformas emprendido por Petro y lo que se llama la política de “paz total”, es decir, las negociaciones con los grupos armados de distinto pelaje. En una declaración conjunta, el PST (LIT-CI) y Uníos (LIS) señalaron que las barreras proscriptivas del régimen electoral les impidieron presentar una “alternativa de independencia de clase”, y llamaron a un “voto crítico” por Cepeda en primera vuelta, “sin compartir su programa y su estrategia”.


Contra la ofensiva imperialista


La ofensiva continental del imperialismo no puede ser enfrentada con una política contemporizadora como la que defienden los gobiernos “progresistas” de la región. Esto sólo fortalece a la bestia. En el caso de Cuba, hemos llegado al extremo de que el gobierno mexicano suspendió el envío de petróleo a la isla para no indisponer al magnate, en el momento en que los cubanos más necesitan del apoyo solidario de los pueblos de la región.


Para derrotar a Trump y a la derecha ajustadora, represora y proimperialista, es clave liberar la fuerza de las masas trabajadoras y campesinas (como en Bolivia), movilizándolas con un planteo de ruptura con el imperialismo y de reorganización de América Latina sobre nuevas bases sociales.

 
 

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