Nepal elige un primer ministro rapero
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Por Gustavo Montenegro / Prensa Obrera

A diferencia de la rebelión popular que en septiembre pasado conquistó la atención del mundo, las primeras elecciones parlamentarias en Nepal después del levantamiento pasaron mayormente inadvertidas.
El 5 de marzo, el recientemente fundado Partido Rastriya Swatantra (PRS), del ex rapero y exalcalde de Katmandú, Balendra Shah, se impuso de manera abrumadora en los comicios, conquistando 182 escaños de un total de 275. Esto le proporciona una mayoría absoluta que le permitirá a Shah gobernar en soledad. En contraste, los partidos que dominaron la vida política desde la revolución que en 2006 puso fin a la monarquía se derrumbaron. El Congreso Nepalí solo consiguió 38 escaños (perdió 51), el Partido Comunista Marxista Leninista (CPN-ML) cayó a 25 (es decir, 53 menos que en la legislatura anterior) y el Partido Comunista Nepalí, fusión de Centro Maoísta y otros grupos, cosechó 17 lugares (perdió 28). En uno de los resultados más sintomáticos, Shah derrotó ampliamente al ex primer ministro Khagda Prasad Sharma Oli -derrocado por la rebelión popular- en el distrito Jhapa-5, ubicado a unos 300 kilómetros de la capital. Otro de los datos significativos de la elección es la mala performance del Rastriya Prajatantra, un partido que promueve la restauración de la monarquía. Se quedó con 5 asientos, dejando nueve en el camino. La reacción monárquica, en definitiva, no logró capitalizar el repudio al régimen que cayó en desgracia el año pasado.
La rebelión en Nepal tuvo como protagonista a una juventud empobrecida y hastiada del desempleo, la corrupción y el nepotismo de los partidos dominantes. La prohibición de varias redes sociales, que fue el detonante de la revuelta, desconectaba a los nepalíes de sus familiares en el extranjero. Millones que debieron emigrar a Medio Oriente y el Sudeste Asiático a buscar trabajo (más de 700 mil personas, solo en 2024), y que son la fuente de las remesas que hoy equivalen al 26 por ciento del PBI de esta pequeña nación del Himalaya.
El gobierno intentó dar marcha atrás con la prohibición de las redes, pero la rebelión ya estaba en desarrollo. A pesar de una represión brutal, que dejó más de 50 muertos, el gobierno de Oli cayó y las fuerzas armadas impusieron un gobierno de transición encabezado por una ministra de la corte suprema.
Shah, quien logró canalizar todo este malestar popular, llegó a la política desde la música. Exponente del hip hop local, cobró fama en 2013 por su desempeño en batallas de rap transmitidas a través de Youtube. Algunas de sus letras abordaban, precisamente, los problemas de la juventud nepalí. En 2022, derrotó a los partidos dominantes y se convirtió en alcalde de Katmandú, la capital, gracias a un discurso anticorrupción. Su gestión combinó asuntos locales (limpieza de calles, instalación de paradas de colectivos), medidas de transparencia institucional (transmisión de las sesiones del consejo municipal) y mayores becas para los estudiantes, pero fue cuestionada por el desalojo de pobladores sin tierra y la violenta represión de la actividad de los vendedores ambulantes. Esto último, inclusive, desencadenó un proceso de lucha de ese sector que forzó al alcalde a abrir una negociación. Shah renunció a la alcaldía este año para hacer su campaña.
La falta de respuestas a los grandes problemas de las masas condujo a la debacle del régimen surgido tras la caída del rey Gyanendra, por el cual se alternaban (y combinaban) en el poder los dos partidos comunistas y el Congreso Nepalí. Pero la plataforma de Shah y su PRS no plantea un cuestionamiento del régimen capitalista, ni se propone una transformación social de fondo. Su triunfo muestra los obstáculos y desafíos ante los que se encuentra la Generación Z que protagonizó la rebelión victoriosa del año pasado.

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