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El Cáucaso ante el conflicto de Irán

El conflicto bélico iniciado por los ataques del régimen genocida israelí y Estados Unidos contra Irán, que está ejerciendo su legítima defensa repeliendo a los agresores y a sus bases en la zona, ha desatado una creciente escalada regional que involucra hasta el momento, en mayor o menor grado, a una veintena de países, incluyendo a las monarquías árabes del Golfo.


En este marco, el Cáucaso sur, una pequeña región montañosa situada al norte de Irán, integrada por tres repúblicas; Armenia, Georgia y “Azerbaiyán”, sigue con atención el curso de los acontecimientos y hasta podría verse arrastrado también al combate, a raíz de un ataque con drones realizado contra el aeropuerto de Najicheván, un territorio antiguamente poblado principalmente por armenios y que en la actualidad se ha convertido en una república autónoma bajo la órbita de “Azerbaiyán”, a modo de exclave sin conexión territorial con el resto del país. El atentado, que dejó cuatro heridos, ha sido atribuido en un primer momento a Irán, país que niega su autoría. Se especula con la posibilidad de que detrás del altercado esté en realidad la mano de "Israel", principal interesado en envolver a más actores que se sumen al criminal bombardeo que se está descargando sobre territorio iraní, que incluyó el brutal crimen de guerra del asesinato de más de 150 niños tras el lanzamiento de un misil a una escuela, hecho prácticamente silenciado por los medios hegemónicos cooptados por el sionismo, y que Estados Unidos e Israel “están investigando”.


Tras el ataque en Najicheván, la reacción de la dictadura familiar que gobierna “Azerbaiyán”, un pequeño protoestado de origen túrquico, ha sido relativamente dura al comienzo, culpabilizando directamente a Irán, exigiendo explicaciones y reservándose el derecho a "responder", aunque finalmente las tensiones bajaron tras un llamado del presidente iraní, Masoud Pezeshkian, al sátrapa autoproclamado “presidente” de “Azerbaiyán” desde hace 23 años, Ilham Aliyev. El paso fronterizo de camiones entre ambos países, bloqueado por el régimen azerí tras el incidente, fue reabierto luego de este contacto telefónico.


La relación entre ambos Estados es compleja desde hace mucho, por distintos factores. Por un lado, “Azerbaiyán” es prácticamente un Estado satélite de Turquía, histórico rival de Irán por liderar el mundo musulmán, ejercer influencia en el Cáucaso, en el Medio Oriente y en Asia occidental. De hecho, la soberanía de la autocracia azerbaiyana es básicamente simbólica en materia de política exterior; no toma ninguna decisión en esa materia sin previo aviso, aval y consentimiento del régimen turco, que utiliza a esa mini dictadura tártara como punta de lanza en su plan expansionista neo-otomano de unificar al “mundo turco”, ambición territorial que se extiende hasta los Estados asiáticos de Uzbekistán, Kirguistán, Turkmenistán y Kazajistán.


A su vez, en los últimos años, la dictadura azerí ha consolidado estrechos vínculos con “Israel”, incluida la compra de armamentos utiilizados durante la guerra de ocupación lanzada junto a Turquía en 2020 sobre Artsaj (Nagorno Karabaj), territorio históricamente armenio, y la posterior limpieza étnica producida allí. Esta asociación con “Israel” es vista con desconfianza por irán, que incluso acusa a “Azerbaiyán” de haber cedido su territorio al sionismo para lanzar desde allí ataques sobre suelo iraní durante la “guerra de los doce días” del año pasado, algo negado por el régimen azerbaiyano. Estos dos pequeños Estados terroristas y genocidas, "Azerbaiyán" e "Israel" son un engendro político producto de la implantación de entidades administrativas con aval del colonialismo mediante un injerto demográfico que implicó la expulsión de pueblos originarios. Por esa razón, el entrecomillado que utilizamos para designarlos.


Pero en la complicada relación iraní-azerbaiyana también incide un factor demográfico; unas quince millones de personas de origen azerí viven en el noroeste de Irán, esto es más que la población de “Azerbaiyán”, de diez millones de habitantes. Esa comunidad está integrada a la sociedad y estructuras estatales iraníes. Cualquier conflicto entre Bakú y Teherán podría tener repercusiones imprevisibles en esa frontera territorial, social y cultural.


Las tensiones se han agravado además por el proyecto del corredor de Syunik, oficialmente denominado con el jocoso nombre “Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional” (TRIPP, por sus siglas en inglés: “Trump Route for International. Peace and Prosperity”), bautizado así ya que surgió luego de la firma de un preacuerdo de paz entre Armenia y Azerbaiyán con la mediación del presidente estadounidense, una de “las ocho guerras” a las que el magnate dice haber puesto punto final. Esa ruta, aún en veremos, conectaría “Azerbaiyán” con su exclave de Najicheván a través del sur de Armenia, plan al dedillo de Turquía, que consolidaría una conexión directa con "el mundo turco", desde Anatolia hasta el mar Caspio y más allá. Para Irán, en cambio, implica un rediseño del equilibrio estratégico del Cáucaso, reduciendo su acceso directo a Armenia y aumentando la influencia turca y estadounidense (por ende eventualmente israelí) en su frontera norte.


En este contexto, sectores estadounidenses e israelíes sugieren que “Azerbaiyán” podría desempeñar un papel más activo en la presión contra Irán, incluso como plataforma logística o de inteligencia, y además incitando a las comunidades azerbaiyanas de Irán, al igual que a los kurdos, al separatismo, para fragmentar al país persa. Sin embargo, parece poco probable esa alianza de los azeríes con los kurdos, a los que Turquía, país tutor de “Azerbaiyán”, no quiere ver empoderarse bajo ningún aspecto y en ninguna parte. La reciente desescalada en las tensiones entre “Azerbaiyán” e Irán demostraría que el dictador azerí no come vidrio; a pesar de que algunos suelen sobrevaluar el rol regional y económico de ese país debido al relativamente reciente éxito militar frente a Armenia y las reservas de petróleo y gas que posee, a nivel regional e internacional no deja de ser un Estado remoto e insignificante, sin mayor peso. Es consciente de la asimetría con Irán, contra quien involucrarse militarmente sería suicida y tendría implicancias regionales considerables ya que implicaría el acuerdo tácito e involucramiento directo de Turquía, escenario que, de acuerdo a cómo se desarrolle, podría poner en riesgo el sur de Armenia, que corta la conexión terrestre del llamado "mundo turco".


Por ahora, Bakú seguramente intentará sostener la compleja diplomacia de equilibrios que logra integrar la alianza política con Turquía, la cooperación militar con Israel, relaciones comerciales con Europa, buena relación con Estados Unidos, y al mismo tiempo canales abiertos con Irán, y buscará evitar que el conflicto regional se traslade al Cáucaso. Su economía depende en gran medida de la exportación de hidrocarburos. Sus oleoductos y terminales energéticas, que conectan el mar Caspio con Turquía y Europa, constituyen infraestructuras vulnerables que, en caso de una confrontación abierta, quedarían al alcance de misiles y drones iraníes, lo que podría paralizar la principal fuente de ingresos del país.


Armenia y Georgia, los otros dos Estados del Cáucaso Sur, naturalmente intentan mantenerse al margen del conflicto regional.


En el caso de Armenia, antiguamente dependiente de Rusia en materia de seguridad, atraviesa un momento de redefinición estratégica tras la pérdida de Artsaj, alejándose de la esfera de influencia de Moscú, aunque sin cortar lazos definitivamente, y acercándose más a Europa y Estado Unidos, no obstante lo cual, también procura conservar los históricos buenos vínculos con Irán, que por ahora no parece haberse resquebrajado a pesar de este giro prooccidental del gobierno armenio del primer ministro Nikol Pashinyan.


Georgia aparentemente habría hecho el camino inverso de Armenia. Históricamente con una orientación claramente prooccidental, en la actualidad el gobierno de Irakli Kobakhidze suele ser tildado de "prorruso", solo por intentar evitar una confrontación directa con Rusia, que mantiene el control sobre dos regiones separatistas dentro de territorio georgiano.


No es esperable ni parece probable hasta el momento una extensión del conflicto hacia el Cáucaso, una región con historia turbulenta, que, al igual que en todo el mundo, nunca encontrará una paz estable y duradera si no es a partir de un cambio profundo del sistema político, económico y social que rige al mundo y los nacionalismos exacerbados que fomenta.



 
 

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