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Terremoto en Marruecos: desidia capitalista y estatal, solidaridad popular


(Fadel Senna/AFP)


El sismo de 6,8 puntos de magnitud en la escala Richter que sacudió a Marruecos el viernes pasado, uno de los peores de su historia, provocó hasta este momento más de 2.900 muertos confirmados oficialmente, en un conteo de víctimas que sigue creciendo, miles de heridos, muchos de gravedad, y enormes destrozos. El temblor afectó sobre todo al norte del país, principalmente a la ciudad de Marrakech, ubicada en la región cordillerana del Atlas, que fue la más afectada.


Decenas de pueblos en las montañas no han sido asistidos aún y por eso se presume que debido a las precarias condiciones de vida, con casas de adobe y arcilla, el número de muertos puede continuar en ascenso. Corresponsales de prensa señalaron que en Marrakech muchas personas que perdieron sus hogares en la tragedia ahora están durmiendo en las calles, a la intemperie, o en carpas precarias.


El agua y la comida escasean. La ayuda del gobierno es lenta, los rescatistas denuncian un agotamiento extremo por la falta de personal y de equipos. La ayuda internacional anunciada por los gobiernos de diversos países todavía no se ha concretado. Se habla de la necesidad de años para las tareas de reconstrucción.


El país ha tenido antecedentes de movimientos sísmicos, y además se encuentra en una zona de colisión de placas tectónicas, lo que ameritaba el desarrollo de medidas de prevención antisísmica, algo que nunca se puso en práctica, y que profundizó las pérdidas humanas, materiales, y la destrucción de hogares. El afán de lucro capitalista de las constructoras ha prevalecido. Han caído mezquitas del siglo XII y parte del casco histórico antiguo de Marakech se ha derrumbado o dañado severamente.


Marruecos es una monarquía constitucional, aunque a diferencia de otras europeas, aquí el poder real es ejercido por el rey, desde 1999 Mohamed VI, quien en el momento del terremoto se encontraba de vacaciones en Francia, en un lujoso palacio que posee en París a orillas del río Sena.


En 2011, en el marco de la Primavera Arabe, hubo importantes manifestaciones de los marroquíes. Para calmar las aguas, se implementó una reforma constitucional que introdujo cambios cosméticos en la monarquía. Tras las elecciones parlamentarias de 2021, asumió como primer ministro uno de los amigos del rey, el millonario petrolero Aziz Ajanuch, una figura testimonial, ya que Mohamed tiene potestad de disolver el parlamento, dirigir las fuerzas armadas, la seguridad, la política exterior y asuntos religiosos del país.


Aún ninguna autoridad del gobierno se ha acercado a las zonas del desastre, se informa desde los medios. La lenta reacción estatal se contrapone a la rápida acción de la población, que no vaciló en rescatar con sus propias manos a sus vecinos de los escombros, como se ha registrado en numerosos casos. Los hospitales desbordaron de habitantes y turistas que hacían colas para donar sangre para ayudar a los heridos. Se observan videos de habitantes que recolectan donaciones desde otras ciudades y manejan cientos de kilómetros para repartirlas entre los damnificados. Una muestra más de que la orientación justa y eficaz de la humanidad no provendrá del afán de lucro personal ni de los Estados capitalistas, sino del pueblo organizado.


Toda nuestra solidaridad con la población de Marruecos.

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